Adolfo Domínguez, el iletrado

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Éste es el cartel que “luce” en una de las tiendas de ropa para niños de la cadena de este diseñador. No emplea las mayúsculas para el nombre y el apellido y prescinde de la tilde en una palabra llana (Domínguez) que termina en consonante que no es ni “-n” ni “-s“.

Probables excusas para el engendro:

a) Un publicista aconseja al diseñador que se prescinda de mayúsculas y de tilde porque los niños-as de ahora no saben escribir ni su propio nombre y así se van a sentir más integrados en la tienda. Además, se ha de imitar la caligrafía de un niño-a que está aprendiendo a escribir.

b) Todo esto se le ocurre al propio diseñador y escoge a un pequeño-a de su familia para que escriba el texto.

c) Todo esto se le ocurre al propio diseñador y, en un arranque de endiosamiento, busca en uno de sus cuadernos escolares el texto.

d) Al publicista sólo se le ocurre lo de la caligrafía y, al escribir el texto, comete las faltas de ortografía. Cuando le presentan el modelo al diseñador, éste no se da cuenta de que su nombre está mal escrito porque desde pequeñito siempre lo escribió así…

“Acentos perdidos”, bitácora combativa

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Queremos destacar una iniciativa muy interesante y original, la iniciada el 23 de junio de 2009 por Pablo Zulaica Parra, un redactor de publicidad que, harto de comprobar el nulo empleo de la tilde en la mayoría de los carteles publicitarios, decidió hacer un inventario de los mismos y, al mismo tiempo, corregir las palabras mal escritas por medio de una tilde adhesiva en la que se incluye la explicación del error cometido.

Los resultados de esta labor pueden verse en la siguiente bitácora: acentos perdidos.

Pablo Zulaica Parra trabaja, pues, en una línea parecida, aunque más radical, a la desarrollada en nuestra sección de engendros lingüísticos.

¡¡¡DOS POR UNO!!!

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En el mes de abril, mientras paseaba por Portonovo, me fijé en algunos carteles. Había un montón de engendros pero me fijé especialmente en éste porque es “dos por uno” como en el supermercado. Este cartel está mal escrito porque “próxima” y “construcción” tienen que llevar tilde:

“Próxima” lleva tilde porque es esdrújula, y las normas ortográficas dicen que todas las palabras esdrújulas tienen que llevar tilde.

“Construcción” lleva tilde porque es aguda que termina en “n“, y las normas ortográficas dicen que todas las palabras agudas terminadas en “n“, “s” o vocal tienen que llevar tilde.

Estas normas hay que aplicarlas tanto a las palabras escritas con letra minúscula como a las escritas con letra mayúscula.

Quesada, humorista ortográfico

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La profesora Motserrat García-Lastra Merino nos descubre, por medio de un recorte de prensa, una nueva faceta del humorista Quesada; el cual, en la edición para Pontevedra del Faro de Vigo (10-05-09), se pasa al humor ortográfico.

Este nuevo tipo de humor se caracteriza por intentar provocar la carcajada del lector gracias a la introducción de errores ortográficos en los escritos propios.

Como puede comprobarse en la foto, Quesada es un maestro:

1º) El futuro compuesto de indicativo del verbo “dejar”, que se forma con el futuro simple de indicativo del verbo “haber” (habrá) y el participio del verbo “dejar” (dejado), aparece escrito sin “h” (*abrá dejado).

2º) La palabra “olímpico“, que es esdrújula, tendría que llevar tilde pero figura sin ella.

3º) Parece que hay un “amago” de tilde en la palabra “que” pero, en este caso, se trata de una conjunción y no de un interrogativo, por lo que no tendría que llevarla.

Menos mal que, por lo menos, ha colocado bien la tilde en la palabra “comité” y en la mal escrita “*abrá“.

Podríamos hacer algún chiste fácil relacionado con el burro y las coces pero… no lo haremos.

Orinal

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La palabra orinal se escribe sin “h”. No sabemos qué ha pasado por la mente del creador-a de este nuevo engendro, probablemente una asociación con la palabra “hora” que, por supuesto, no tiene nada que ver con orinal.

Por otra parte, el uso dado a esta palabra no es el más adecuado ya que, según el diccionario de la R.A.E., un orinal es:

1. m. Recipiente de vidrio, loza, barro u otros materiales, para recoger los excrementos humanos.

orinal

El creador del engendro debería haber empleado la palabra urinario que, como indica el diccionario de la R.A.E., es:

2. m. Lugar destinado para orinar y en especial el dispuesto para el público en calles, teatros, etc.

Algo apesta en esta clínica…

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... y no son precisamente los pies sino la ortografía.

En primer lugar, no le han puesto tilde a la palabra “CLÍNICA” que al ser esdrújula tiene obligatoriamente que llevarla. Contrariamente a lo que creen muchas personas, la R.A.E. nunca ha establecido una norma que indique que las letras mayúsculas no tengan que llevarla. Así, en su Ortografía de la lengua española artículo 4.10 dice:

Las mayúsculas llevan tilde si les corresponde según las reglas dadas. Ejemplos: África, PERÚ, Órgiva, BOGOTÁ. La Academia nunca ha establecido una norma en sentido contrario.

En segundo lugar, la palabra “pie” no puede llevar tilde ya que es monosílaba (las dos vocales: cerrada átona y abierta tónica forman un diptongo y no pertenecen a sílabas diferentes) y esta clase de palabras sólo lleva tilde cuando existe la posibilidad de confundirlas con otras que se escriban de la misma forma. En estos casos se les pone la denominada tilde diacrítica. Sin embargo, “pie” no está dentro de este grupo ya que no existe otra palabra con la que pueda confundirse.

Si quieres saber más sobre el uso de las mayúsculas o  de la tilde diacrítica puedes visitar los siguientes enlaces en los que también encontrarás ejercicios interactivos: mayúsculas y tilde diacrítica.


¿Bricolage?

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En este cartel que publicita una conocida ferretería pontevedresa encontramos un nuevo engendro lingüístico.

La R.A.E. nos indica en su Ortografía de la lengua española que las palabras que terminan en -aje se escriben con “j“. Sólo admite como excepciones a esta regla: ambages, enálage e hipálage.

Por lo tanto la palabra tendría que escribirse así:

bricolaje.

1. m. Actividad manual que se manifiesta en obras de carpintería, fontanería, electricidad, etc., realizadas en la propia vivienda sin acudir a profesionales.

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¿Trasero en venta?

¡Las incorrecciones lingüísticas me persiguen!

Como profesor de lengua castellana y literatura, es normal que me enfrente cada día a: faltas de ortografía y a enunciados mal construidos, ambiguos o que omiten información necesaria para interpretarlos correctamente… Pero últimamente encuentro este tipo de incorrecciones por todas partes: en la prensa, en los anuncios, en los folletos de propaganda, en carteles publicitarios, en el teletexto, en películas subtituladas…

Intento combatirlas inculcando a mis alumnos-as el respeto por el idioma y por las normas ortográficas pero reconozco que hay situaciones que escapan a mi control. Por eso he decidido que ante enunciados como el de la foto lo mejor que puedo hacer es reírme un poco.

La “gracia” de este enunciado estriba en que en su interior figura la palabra trasero“, término que en la tercera acepción del diccionario de la R.A.E. equivale a:

3. m. eufem. nalgas (porciones carnosas y redondeadas).

¿Acaso hay alguien que ha puesto en venta el suyo al módico precio de 1,75 € el kilo?

¿Será para algún transplante?…

Hace varios años recuerdo haber visto un reportaje sobre cirugía plástica en el cual se decía que los españoles que estaban descontentos con su trasero le solían pedir al cirujano que, tras la operación, el suyo quedase igual que el de Antonio Banderas. ¿Será Banderas el donante?… Me parece que está por España, ya que el Festival Internacional de cine de San Sebastián le ha concedido el Premio Donostia a toda su carrera…

En realidad, el emisor de este enunciado ha omitido algunas palabras del mismo por considerarlas innecesarias y lo ha convertido en incorrecto.  Así, emplea la palabra “trasero” cuando debería haber empleado el término “cuarto trasero” que, según el diccionario de la R.A.E., es la:

1. m. Parte posterior de algunos animales.

Además, debería haber empleado el plural: “cuartos traseros” (hay que suponer que querrá vender más de uno) e indicar cuál es el animal que ha sido sacrificado para satisfacer la voracidad humana (probablemente pollos).

El contexto situacional (el cartel estaba a la izquierda de la puerta de entrada de un supermercado) es el que, en este caso,  me ha permitido interpretar correctamente lo que quería transmitirnos el emisor del enunciado. Gracias a su torpeza, he pasado un buen rato y prometo pasar por el supermercado la semana que viene ya que, si se fijan en el pie de foto, amenaza con nuevos enunciados.