En 1920 el escritor checo Karel Capek escribió una obra teatral de ciencia-ficción titulada R.U.R. (Rossum’s Universal Robots/Robots Universales Rossum). En esta obra se usa por primera vez la palabra robot para denominar a un ingenio construido por un sabio capaz de llevar a cabo todos los trabajos normales que ejecuta el hombre. La palabra procede del checo robota, que quiere decir, ‘trabajo, prestación personal y también trabajo obligado’. La obra se hizo famosa, como la palabra que designaba a sus protagonistas, la cual, a través del inglés, acabó llegando al español.
Robot sorprendente:
Fuentes:
Buitrago, A. y Torijano, J.A.; Diccionario del origen de las palabras, Espasa.
Luján, Néstor; Cuento de Cuentos, Ediciones Folio.
Estos términos, utilizados en el anterior anuncio, no figuran en el diccionario de la Diccionario de la R.A.E. por lo que si queremos entender su significado debemos acudir, por ejemplo, a la siguiente infografía en la que se explican los diferentes tipos de pisada:
Ambas palabras han llegado al castellano a través de las inglesas pronator y supinator. Sin embargo, esta lengua las formó a partir de los adjetivos latinos:pronus (inclinado hacia adelante, hacia el suelo) y supinus (vuelto hacia lo alto, hacia arriba).
Fuente:
Santiago Segura Munguía, Nuevo diccionario etimológico Latín-Español y de las voces derivadas, Universidad de Deusto.
La palabra chicle proviene del nahua, lengua hablada en México y en otras partes de Centroamérica, y en la que existía la voz tzictli o txictli (del verbo tzic-, ‘estar pegado, detenido’), que en su origen se aplicó a la resina, de textura gomosa, de un árbol de la zona llamado chicozapote, al que le hacían unas hendiduras para obtener el auténtico y primer chicle.
Sin embargo, para conocer mejor el origen de lo que ahora mascamos y saboreamos debemos ver este vídeo:
Fuente:
Buitrago, A. y Torijano, J.A., Diccionario del origen de las palabras, Espasa.
Terremoto (del latín terrae motus) ‘movimiento de la tierra’.
Es frecuente confundir los términos epicentro (del griego epí- ‘encima de’ o ‘sobre’ y del latín centrum ‘centro’) e hipocentro (del griego hýpo- ‘debajo’ y del latín centrum ‘centro’). Sin embargo, podemos servirnos de esta imagen para comprender mejor sus significados:
La palabra tsunami es un préstamo innecesario pues contamos en castellano con el término maremoto (del latín mare motus ‘movimiento del mar’) para referirnos al mismo concepto.
Fuente:
Santiago Segura Munguía, Nuevo diccionario etimológico Latín-Español y de las voces derivadas, Universidad de Deusto.
Es una planta herbácea de la familia de las solanáceas, sin tallo. Ha sido usada en medicina como narcótico, y muchas fábulas han circulado a lo largo de la historia acerca de sus propiedades. Considerada desde la Antigüedad como una planta dotada de misteriosos poderes y propiedades milagrosas, conocida en los dominios de la magia y la hechicería, la mandrágora (Mandragora officinarum o Mandrágora autumnalis) tomó su nombre del latín mandragora y éste, del griego mandragoras‘dañino para el ganado’. Los médicos de las cortes faraónicas y los discípulos de Hipócrates ya conocían la mandrágora y aprovechaban sus propiedades eméticas, sedantes e hipnóticas, que se usaron hasta el siglo XVIII.
Dos características de la planta fortalecieron la creencia en sus poderes mágicos: la forma de su raíz, en la que muchos ven un cuerpo humano con sus extremidades, y los potentes alcaloides que contiene. La apariencia antropomórfica de su raíz llevó a muchos a creer que la mandrágora era una especie de embrión humano al que se podría dar vida si se procedía con cautela y se seguían rigurosamente las instrucciones trasmitidas de generación en generación. La planta debía arrancarse de la tierra, atada a una cuerda tirada por un perro negro en una noche de luna llena, pues si se la arrancaba sin respetar esas condiciones, lanzaba un grito que enloquecía o mataba a quien lo oía. Una vez arrancada con las debidas precauciones, la mandrágora tenía poderes mágicos como filtro de amor y afrodisíaco, además de sus propiedades para tornar fecundas a las mujeres estériles, como relató el dramaturgo griego Alexis en su comedia Mandragodixomene y, casi dos milenios después, también Nicolás Maquiavelo en su comedia La mandrágora.
El nombre de la planta está registrado en el diccionario de Nebrija (1495) como ‘mandrágula’ y fue incluido en el Diccionario de autoridades como mandragora, de acentuación llana. La planta es conocida en italiano como mandragola, en francés, como mandragore y en inglés, como mandrake.
La mandrágora como filtro amoroso:
El grito de la mandrágora:
Los poderes fecundadores de la mandrágora:
Fuentes:
Ricardo Soca, La fascinante historia de las palabras, Nuevas fascinantes historias de las palabras y La milenaria historia de las palabras.
El grano del cafeto, tostado y molido, se usa hoy en todo el mundo para preparar una infusiónaromática y estimulante, el café.
Parece que fue descubierto por casualidad hacia el año 850, en Etiopía. El autor del hallazgo fue, según esta leyenda, un pastor musulmán llamado Kaldi cuyas cabras no lograban conciliar el sueño, mostrándose siempre muy activas y nerviosas. Quiso el pastor averiguar la razón, y observó que mordisqueaban durante el día los frutos del cafeto, árbol rubiáceoautóctono de aquel país. Cierto santón o morabito que había escuchado el relato del cabrero, como tenía problemas para mantenerse despierto tanto tiempo como él quisiera para dedicar a sus rezos y mortificaciones, utilizó el café en infusión, comprobando así las virtudes tónicas y excitantes del café.
Leyendas aparte, el café se bebía en Siria y Turquía en el año 1420. En Europa no hubo noticia del café hasta finales del siglo XVI, 1591, año en el que un botánico italiano describió la planta que él decía haber visto crecer en un jardín privado de la ciudad de El Cairo. Y a Europa fue traída por los venecianos en 1615, si bien es cierto que el viajero español Pedro Teixeira, de vuelta de un viaje que hizo a Turquía, habla del café en 1610 en estos términos: “…una bebida que llaman allá el kaoah, de simientehendida, tostada y negra como la pez…“. En Europa hubo sus más y sus menos al respecto de la conveniencia de beber tan novedoso brebaje. algunos incluso aseguraban que tal vez no fuera lícito adoptar por bebida algo propio de países infieles; sin embargo, el papa Clemente VIIIdisipó aquella duda bebiendo él mismo, ante su curia de cardenales y ante quienes quisieran verlo, una buena taza de café, mientras decía socarrón: “No siempre todo lo de los infieles es cosa mala, hijos carísimos…“.
Los árabes llamaban al café con el mismo nombre genérico que usaban para el vino: qahwa, pero al llegar la infusión a Turquía, su nombre cambió a kahve.
Cuando los mercaderes venecianos introdujeron el producto en Europa, su nombre cambió nuevamente a caffè y se extendió al español, al francés y al portugués café, al alemán Kaffee, al inglés coffee y al sueco kaffe.
Es bastante probable que la palabra chocolate proceda de dos raíces diferentes: por un lado, pochótl, es decir, ‘bebida de ceiba‘, un árbol gigantesco con flores rojas que produce unos frutos también muy grandes y que contienen seis semillas envueltas en una especie de espuma que recuerda al algodón; por otro; kakáwatl, o sea, ‘bebida de cacao’, por la sencilla razón de que las primeras noticias que tenemos sobre este manjar indican que los aztecas lo hacían con partes iguales de semilla de ceiba y cacao. No sería nada extraño que la palabra proviniera de pochó-kakáwa-atl, o lo que es lo mismo, ‘bebida de ceiba y cacao’. Los españoles lo pronunciaron como pudieron, y dejaron el término en chokauatle. En 1580 la palabra aparece ya escrita de la forma aproximadamente actual: chocollatr, y en 1590 se dice como hoy, chocolate. Del castellano, la voz chocolate pasó al italiano, ya en 1606; en la lengua francesa se documenta más tarde, hacia 1643.
Infografía en la que se explica el proceso de fabricación del chocolate:
Fuentes:
Buitrago, A. y Torijano, J.A., Diccionario del origen de las palabras, Espasa.
Pancracio Celdrán, Historia de las cosas, Ediciones del Prado.
Los olifantes eran instrumentos de viento tallados en un colmillo de elefante que utilizaban los caballeros durante la Edad Media haciéndolos sonar como señal de aviso.
Los cuernos son también instrumentos de viento pero fabricados habitualmente con astas de buey o carnero. Usados desde el Neolítico como instrumentos de señales, poseían un sonido áspero y sordo. Su difusión en el continente europeo se dio a través de los pueblos célticos.
En el terreno literario, es curioso comprobar cómo tres personajes pertenecientes a obras literarias muy alejadas en el tiempo aparecen caracterizados por usar estos instrumentos de viento:
a) Roldán, el protagonista del Cantar de Roldán (s. XI), lleva siempre consigo un olifante;
b) Robin Hood, el protagonista de numerosas baladas inglesas medievales, usa habitualmente un cuerno; y
Las semejanzas entre estos personajes no acaban ahí ya que los tres tocan por última vez sus instrumentos para solicitar ayuda poco antes de que se produzca su trágica muerte.
Roldán recibe la orden, por parte de su tío Carlomagno, de hacerse cargo de la retaguardia del ejército francés, el cual regresa a Francia después de que el rey Marsil de Zaragoza (única ciudad española que Carlomagno aún no ha conquistado) haya prometido convertirse al cristianismo y someterse a la voluntad del emperador. Lo que no saben ni Roldán ni Carlomagno es que el embajador enviado por Carlomagno para concertar las paces, Ganelón, los ha traicionado y ha propuesto a Marsil que éste y sus sarracenos ataquen la retaguardia del ejercito francés cuando, al atravesar los Pirineos, la vanguardia, que encabeza Carlomagno, se haya alejado lo suficiente de la retaguardia, que protege Roldán.
Robin Hood decide acudir sin la compañía de sus hombres junto a su prima, la priora de Kirkless en Yorkshire, para hacerse una sangría curativa. Uno de ellos, Will Scarlett, se lo desaconseja porque cree que tendrá que pelear contra un caballero que vive allí y le propone ir acompañado por cien arqueros. Robin sólo permite que le acompañe Pequeño Juan. Por el camino se encuentran con una anciana que insinúa a Robin la posible traición de la priora pero éste no le hace caso.
Ya en Kirkless, la priora realiza la sangría a Robin pero le extrae demasiada sangre. Robin, al sentirse desfallecer, toca su cuerno de caza para solicitar ayuda a Pequeño Juan. Cuando éste consigue llegar a su lado, le comunica que los culpables de que se encuentre en ese estado son la priora y un caballero llamado Roger “el Rojo”. Robin intenta huir saliendo por una ventana pero Roger “el Rojo” lo ve y le atraviesa el costado con una espada. Aunque está herido de muerte, Robin también consigue matar a Roger “el Rojo”. Pequeño Juan propone a Robin incendiar Kirkless, pero Robin se lo prohíbe; dispara por última vez su arco y le pide que lo entierren donde haya caído la flecha.
Como miembro de la comunidad del anillo, Boromir se compromete a acompañar a Frodo en su viaje a Mordor para destruir el Anillo Único. Cuando llegan a las fronteras de Gondor, deben decidir qué camino tomar: continuar hacia Mordor o dirigirse a Minas Tirith. Como es Frodo quien debe tomar decisión tan importante, prefiere alejarse un rato de los demás para reflexionar. Boromir lo sigue e intenta convencerlo de que vaya a Minas Tirith pero Frodo ha decidido ir a Mordor. Boromir, influido por el anillo, intenta quitárselo por la fuerza pero Frodo se pone el anillo en el dedo y desaparece. Cuando Boromir regresa junto a sus compañeros de la comunidad del anillo y les comunica que Frodo ha desaparecido, cada uno empieza a buscarlo por su cuenta. Aragorn, para evitar la separación del grupo, encarga a Boromir que siga y proteja a los jóvenes hobbitsMerry y Pippin…